Perros y eczema

El eccema es un síntoma más que una enfermedad en sí misma. Es un término general que se aplica a la inflamación de la epidermis, o capa externa de la piel. La aparición de enrojecimiento, pérdida de cabello, pápulas, pústulas, llagas cutáneas llorosas, costras, descamación y sequedad son todos indicadores de que su perro está sufriendo esta afección. Debido a su definición como síntoma, el eccema tiene muchas causas potenciales diferentes. La inflamación puede resultar de la exposición a sustancias químicas, vegetación, alérgenos alimenticios, polvo, humedad y picaduras de insectos. También puede ser un síntoma de infecciones de origen viral, bacteriano, fúngico o por levaduras. En otros casos, el autotrauma, como lamer, morder, masticar, rascar o frotar repetidamente, debido al estrés o a la infestación de piojos o pulgas, es la causa. Los perros que viven predominantemente al aire libre son los más propensos a ser afectados por la enfermedad, que se ve exacerbada por la humedad, las condiciones climáticas adversas y el crecimiento estacional de las plantas. El eccema suele afectar fuertemente a las zonas menos protegidas por el pelaje del perro, como los pies, la barbilla, la nariz, los corvejones, los sofocos y el vientre. El diagnóstico se puede lograr mediante una inspección visual rápida, sin embargo, el tratamiento del eccema puede ser difícil debido a la variedad de causas potenciales. La consulta con un veterinario puede ser necesaria para aislar las causas más probables. Si se sospecha de la presencia de alérgenos alimentarios, los ensayos supervisados en los que se eliminan grupos de alimentos para ver si subsisten los síntomas son la mejor manera de determinar con precisión cuáles son los alimentos «problemáticos». Los posibles parásitos que causan el problema se pueden identificar a través del examen físico y el muestreo de la piel. Las pruebas de cultivo de bacterias y hongos y el examen microscópico del cabello también se pueden utilizar para descubrir organismos que pueden ser responsables del eccema. Si se determina que esta última es la causa, el veterinario suele recetar medicamentos especializados. Si un perro se automutila y los parásitos no son un factor, es necesaria una intervención conductual. El estrés, el aburrimiento y la soledad pueden provocar que un perro lama obsesivamente y cause irritación dolorosa de la piel. Las soluciones son el aumento del ejercicio y la socialización, que pueden utilizarse junto con la medicación antiestrés canina en casos graves. Hasta que se pueda determinar y eliminar la causa de fondo, el objetivo es reducir la incomodidad de un perro afectado. Existen cremas y geles calmantes adaptados al problema que no son tóxicos si el perro lame la zona después de la aplicación, y deben utilizarse hasta que desaparezca el eczema.

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