A los perros no les gustan los abrazos

Es un comportamiento temprano que los niños aprenden a abrazar a sus padres, hermanos, amigos e incluso a sus juguetes favoritos como una forma de mostrar amor y afecto. Como tal, también buscamos maneras de mostrar a nuestros amigos de cuatro patas cuánto los amamos, pero el abrazo aparente no debería ser uno de ellos. La verdad es que los perros no aprecian tus cálidos abrazos… pero ¿por qué? Dentro del mundo del perro, hay una abundancia de comportamientos compartidos entre las partes caninas, incluyendo el oler la cara, el oler las nalgas, mover la cola, lamer, pero lo más importante, nunca hay abrazos. Los perros tienen métodos particulares de saludo, ninguno de los cuales implica tener una pata delantera sobre el hombro del otro. En realidad, la aproximación más cercana que los perros tienen a los abrazos como sabemos que en realidad significa algo más que amistad. perros de pie sobre los demás se relaciona con alguna forma de estatus social y la competencia por los recursos, por lo que los abrazos se consideran una forma de manipulación de poder y control. A pesar de que los abrazos se asocian con el juego y no necesariamente con algo agresivo, un abrazo puede ser considerado por los conductistas caninos como un comportamiento muy asertivo y controlador. De ello se deduce que muchos propietarios y personas son mordidos con mayor frecuencia en relación con las interacciones benignas, como acariciar, abrazar o inclinarse sobre el perro. Los perros pueden manifestar su aversión a ser abrazados de varias maneras, incluyendo un sutil malestar al lamer sus labios o voltear su cabeza. Algunas señales pueden ser muy evidentes, como gruñir o tratar de escapar. Es una respuesta innata desencadenada por el sistema de autodefensa del perro, donde automáticamente se alarman y entran en su «modo de pelear o huir», lo que les obliga a reaccionar agresivamente dando un gruñido de advertencia o una mordida directa debido a la naturaleza restrictiva de un abrazo. La razón de la aversión inherente a los abrazos humanos por parte de nuestros perros radica en la idea de que los humanos y los primates aprecian el contacto de ventral a ventral o de pecho a pecho, subconscientemente asociado con sentimientos de placer obtenidos a través de la lactancia. Los perros no tienen este tipo de asociación positiva, por lo que por naturaleza no aprecian esta forma de contacto. Por lo tanto, cuando tratamos de abrazar a un perro nuevo o desconocido, es comprensible que puedan malinterpretar ese gesto como una amenaza y que huyan, se rindan o devuelvan el desafío. ¿Ha notado esta reacción en su perro?

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